No ha pasado

domingo, 6 de junio de 2010
I. Subjetividad encarnada

No es una sorpresa que me retracte de mis palabras, porque una cosa es el antes y otra es el después. Nada ha pasado, soy la misma que siente de más y piensa de menos, aunque me cueste reconocerlo.

Soy la misma a la que tres palabras pueden hacer que baile en plena calle o que tiemble de muchas otras cosas menos de frío. La misma que encuentra símbolos donde no los hay o simplemente siente que los malinterpreta. Que basa su vida en un sentimiento y que si siente que este no viene en su ayuda inmediatamente, dedica su domingo a escribir y cantar a gritos -entre otras pocas cosas-.

La faceta de persona racional no se me da. Lo bueno es que lo puedo ir entendiendo y así no dejar nunca de escribir, cantar, bailar, dibujar y sentir como solo yo lo hago. Lo malo es que es poco práctico, porque en esta vida hasta el amor tiene su lado objetivo.


II. Lo que un día vi, no lo veo más.

Hace poco tiempo odiaba levantarme sin recordar lo que había soñado. Ahora soñar se me hace pesado, porque todo ese tiempo que estuve sin recordar hizo que ahora recuerde de más. No sólo recuerdo imágenes, sino también texturas, movimientos -y lo más fuerte de todo- sentimientos. Alegrías y satisfacciones basadas en una irrealidad que es exactamente lo que quisiera de mi realidad.

Antes pensaba que para aburrirme, prefiero sufrir. Pero no sufrir cualquier cosa, sino esa cruz y delicia del amor, de tener alguien en quién pensar, de ponerme la peluca de alondras y volar. Ahora preferiría estar en el lado silencioso de la vida, pudiendo avanzar con mis tareas en lugar de tener esta necesidad abstracta de escribir.


III. Conclusión inconcluyente

No le he puesto tachuelas a mis zapatos, sigo corriendo por las cornisas aunque me estrelle cinco veces por cuadra. Mi voluntad ahora es música en movimiento. Lo dejé entrar en mis proyectos, en mis clases, en mi cuarto, mis sueños, mi manera de ver las cosas. He llenado mi vida de términos en francés y cambios de rumbo.

Sigo siendo intérprete dispersa que no sabe qué hacer cuando encuentra miradas fijas en la oscuridad.
Que deja que su corazón haga grand jettes.
Que tiene una baraja entera con palabras y sin embargo se queda sin jugar.
Que piensa que el mundo se acaba cuando se acaba una fiesta.
Que baila para satisfacer todos los sentidos.
Que suspira cuando junta el sonido del obturador con el del piano.
Que a veces se queda mirando por el visor solo por mirar.
Que se muere de miedo cada domingo.
Que casi tiene veinte años y quiere cantar al amor.
 
© Radio a color... al ritmo del tango! | Designed by Thailand Hotels, in collaboration with Tech Updates, Webdesign Erstellen and Premium Wordpress Themes