Te sigo en tus cortes
como si me impusiera la sed
en un inexistente desierto.
Es como si de verdad
necesitara de tus letras
para suplir la carencia de las mías.
Bien podría alegrarte el día
(o amargártelo, quizás)
con la noticia de bendecir tus pies
(o maldecírtelos, talvez)
con la presencia de los míos
milongueando por tu avenida.
Mas me persigue tu estado efímero
de seguir aquí sin sentir tu abrazo.
--
Justo ahora nace el cadáver
de mi voluntad hacia vos
sobre este poema baldío.
--(Aún así e ilógicamente,
rompo con mi promesa
de no volver a inhalar
tu inspiración banal.)
Es bueno saber que con la mayoría de edad parece que he adquirido la capacidad de volar sin estrellarme. En otras palabras, el poder distinguir entre "sueño" y "realidad" sin joderme la existencia.





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